Yo no soy monárquico, y no lo soy por nada en especial sino porque no comulgo con las ideas monarquías que me parecen trasnochadas y antiguas, mas bien rozando en lo arcaico, no llego a entender tanto boato y distinción en los tiempos en los que vivimos, hay demasiada aristocracia en este pais que agoniza y se muere, mientras unos lloran y pelean por subsistir con un sueldo de risa, haciendo frente a todos y cada uno de sus gastos, otros lo reciben calentito y bajo su condición de rey o príncipe gozan de multitud de servicios que pagamos los currantes es decir los de siempre.,Esta es mi idea, no es que yo tenga nada personal contra la monarquía, sino mas bien que no la hallo yo en nuestra forma de vida cotidiana, donde hay que luchar fuertemente por los garbanzos diarios, y estos cada vez son mas a mamar de la misma teta.
Dicho esto no dejo de reconocer que ultimamente la figura del Rey esta siendo para España un bálsamo que suaviza el gran escozor producido por el gobierno socialista que despues de tanto frotar nos ha dejado la economia y el trabajo en carne viva, el paro que asola a mas de cinco millones de ciudadanos y la incertidumbre, que rodea a la mayoría de ciudadanos crea un ambiente triste y apesadumbrado.,De alguna manera el monarca esta ejerciendo su trabajo como aliviador en una España enfrentada, en la que cada autonomia es como un hijo rebelde que pretende imponer su capricho determinado y de alguna manera la institucion monárquica sostiene esta España malherida y maltrecha que pugna por salir adelante despues de una larga enfermedad socialista.
Dicho esto no dejo de reconocer que ultimamente la figura del Rey esta siendo para España un bálsamo que suaviza el gran escozor producido por el gobierno socialista que despues de tanto frotar nos ha dejado la economia y el trabajo en carne viva, el paro que asola a mas de cinco millones de ciudadanos y la incertidumbre, que rodea a la mayoría de ciudadanos crea un ambiente triste y apesadumbrado.,De alguna manera el monarca esta ejerciendo su trabajo como aliviador en una España enfrentada, en la que cada autonomia es como un hijo rebelde que pretende imponer su capricho determinado y de alguna manera la institucion monárquica sostiene esta España malherida y maltrecha que pugna por salir adelante despues de una larga enfermedad socialista.